Me he topado con este artículo de Francisco Mora, catedrático de filodofía molecular y biofísica.
Interesante tenerlo en cuenta por si tenemos algún familiar que pueda estar en esta situación, o incluso para nosotros mismos en un futuro. Hay muchas evidencias de que
correr es la mejor manera de prevenir el Alzheimer y de minorar sus síntomas. Copio el artículo:
Hace apenas unas semanas me llamaron unos amigos de Madrid, con la
desesperanza en la voz, para decirme que a su padre, no muy mayor, le
habían diagnosticado la enfermedad de Alzheimer. Que su padre se
encontraba bien, pero que tenía fallos serios de memoria.
"¿Qué podemos hacer? -me preguntaron- ¿Hay algún tratamiento nuevo,
aunque sea experimental, que no conozcamos? ¿Podemos llevar a nuestro
padre a algún hospital de Estados Unidos para que reciba algún
tratamiento cueste lo que cueste?"
Y la contestación, también con desesperanza, pero esta vez en mi
propia voz, fue decirles que no. Que la enfermedad, efectivamente, no
tiene hoy tratamiento curativo. Sin embargo sí les comenté
algo que,
aunque parezca increíble, está resultando muy positivo, tanto a nivel
experimental en animales modelos de la enfermedad, como con pacientes
que sufren de Alzheimer. Y esto
es la práctica del ejercicio físico
aeróbico, es decir, correr o caminar a un paso en donde el consumo de
oxígeno sea el suficiente como para no quedar en débito de oxígeno
durante la carrera. Esto está resultando ser un instrumento terapéutico
efectivo, en muchos casos, con el que
algunos pacientes han logrado ralentizar la progresión de los síntomas de la enfermedad (J. Am. Med. Dir. Assoc. 9:390-405 (2008)).
Ya sabíamos que el ejercicio físico moderado es una de las conductas
más efectivas que existen para poder mantener la salud de todo el
organismo, incluido el sistema osteomuscular, cardiovascular y
respiratorio, y desde luego el bienestar psicológico y los efectos
antiestress que produce. Pero hoy sabemos además de sus efectos sobre el
cerebro y en particular sobre el cerebro envejecido.
Los estudios más
actuales demuestran claramente que la actividad física, junto a otros
cambios en varios de los parámetros que constituyen eso que venimos hoy
en conocer como estilos de vida, puede
contribuir a retrasar el declinar
mental que ocurre con la edad y retrasar el comienzo de un proceso de
demencia. Pero es de modo más reciente que empezamos a conocer también
que
la actividad física aeróbica puede retrasar el curso de la enfermedad de Alzheimer así como aumentar la capacidad de reparación del cerebro tras daños producidos por accidentes o enfermedades neurodegenerativas tales como el Parkinson, demencias, ataxias cerebelosas y también enfermedades mentales, como la depresión severa. (
Science 334, 606-607 (2011)).
En pacientes con la enfermedad de Alzheimer, aparte de
ralentizar la
progresión de los síntomas cognitivos, la actividad física puede también
prevenir o aminorar muchas de las complicaciones que aparecen en esta
enfermedad como caídas o incapacidades motoras de todo tipo. Sin duda
que todo ello requiere de un inusitado esfuerzo de cuidadores y
familiares pero nadie discutiría que paralelamente y a largo plazo, se
trata de un tratamiento barato y de bajo riesgo comparado con cualquier
tratamiento farmacológico.
Es más, se comienza ya a hablar de que
posiblemente
en el futuro, uno de los tratamientos en la prevención del
Alzheimer y también en la progresión de los síntomas de esta enfermedad y
en general en muchas otras enfermedades neurodegenerativas, sea el
cambio en los estilos de vida, no como "consejo médico", sino como
tratamiento médico real, lo que incluye
cambios en la dieta, la cantidad
y patrones de ingesta de alimentos,
actividad mental intensa programada
y dirigida,
y la actividad física aeróbica.
Ojalá sea cierto.
Paco M.